Un relato sobre Hallows Eve, ante una taza caliente de te.

Revolvía nerviosamente mi taza de te, no había entendido muy bien las palabras que aquella mujer me estaba diciendo. Mi mirada se perdía entre los remolinos que se formaban en el agua verdosa que contenía mi tacita, y me dejaba acariciar por el humo que se levantaba desde su contenido hasta mi rostro.
-¿Hallows Eve?- Alcancé a decir un tanto confuso.
Ella frunció el ceño y todo su rostro, castigado por el hilar del tiempo, se arrugó con una mueca divertida y una sonrisa dibujada en sus labios. –Así es, Hallows Eve- respondió perdiendo su mirada en una infinidad de recuerdos que yo ni alcanzaba a imaginar –Así es como llamabamos a esa noche, cuando los muertos tenían la oportunidad de vagar por la tierra encabezados por el Maestro Astado que montado sobre su caballo, recorría todas las regiones en busca de más almas para llevarse al mundo que habita bajo la colina- El cuento sonaba aterrador, pero en cambio aquella mujer mantenía una pose gozosa y un semblante orgulloso ante un cuento que estremecería al más valiente de los hombres.
Sin lugar a dudas ella advirtió mis pensamientos y rio con aquella delicadeza que solo las ancianas saben emplear –Pero no te asustes, muchacho- Sigió riendo, tal vez especialmente divertida ante mi mueca de extrañez y mi inquietud. Tomó su taza de café y sin dejarme de mirar le dio un pequeño sorbo, y sigió hablando, esta vez en un susurro y sin despegar apenas sus labios de la taza –Hallows Eve… cuando el velo cae ante el retumbar de los cascos del caballo del Maestro; cuando los muertos, y otros seres, recorren nuestro mundo. Nuestro mundo vuelve a su matriz, nunca, en ningún otro momento, el mundo de los vivos está más cerca de la matriz de la creación; en su principio y final. Por eso los antiguos decían que era un año nuevo- Dejó posar con elegancia su tacita sobre el plato con elegancia –Samhain- dijo orgullosa y yo arqueé una ceja ante aquella palabra incomprensible –Los antiguos, en estas mismas islas, y más allá así llamaban al período de Hallows Eve; Samhain. La salvaje noche donde moría el año, cuando los muertos se levantaban a despedirlo junto a los vivos en danzas frenéticas que los extranjeros llamaron “salvajes”, y mataban el ganado que sabían que no sobreviviría al inclemente invierno- Lo explicaba como si de un cuento fabuloso se tratara, estaba casi excitada tal vez porque la vida le había dado una nueva oportunidad de relatar aquella historia que, probablemente, ella hubiese escuchado hace muchísimo tiempo.
Apoyé mi espalda contra el respaldo de la butaca, intentaba comprender todos los datos que estaba recibiendo de aquella conversación -¿Y todo eso ocurre en una sola noche? El párroco dice que cuando morimos nos vamos al cielo, o al infierno, depende de la voluntad de Dios que variará según nuestro comportamiento- era más una reflexión hacia mí mismo, pero la expresé en voz alta aún con cuidado, ya que mi última intención era contrariar a esa mujer –Humm- dijo pensativa, pero con un brillo de orgullo marcado en sus ojos –Y cierto será, por supuesto, para él y los que son como él. Allí les esperará el cordero, en aquel innaccesible cielo donde solo los perfectos tienen entrada- Se inclinó hacia la mesa con una sonrisa burlona y una mirada que se me antojó invadida por la complicidad –Pero no a nosotros… Los que “somos demasiado buenos para ir al infierno, y demasiado malos para ir al cielo”, los que llevamos en nuestra sangre la marca de Caín; nuestro destino será el mundo al que solo se accede entrando por la colina, en la hora numero 13, y cuando las manecillas del reloj giran al contrario-

Acarició mi rostro con sus manos arrugadas y colmadas de anillos, algunos de ellos con marcas extrañas que yo no era capaz de reconocer -… y no, querido. Esto no pasa en una sola noche. El Señor Oscuro, el Rey del Desgobierno, comenzó a hacerse notar ya desde la fiesta de Lammastide; cuando el hijo brillante es sacrificado por la inclemencia de Annis. Solo que Hallows Eve es la cúspide, el apogeo, de su reinado que no llegará a su fin hasta las fiestas de la leche que celebrarás con tu vecinos en Febrero-
Su tono era carente de monotonía, aquella anciana sí que sabía atrapar con una buena historia, me encontraba fascinado por el misterio que despedían sus palabras. Algunos amigos míos decían que era una vieja loca, pero yo sabía que los padres de muchos de ellos habían acudido a ella antes de que nosotros nacieramos. Decían de ella que era una mujer astuta, que “conocía las usanzas” como decían algunos; se contaban verdaderos prodigios en los tiempos de su juventud. Había quien la temía, y había quien la amaba; como también había quien la despreciaba, especialmente el párroco que maldecía en latín cuando pasaba por la puerta de su casa y veía aquellla cabeza de carnero en hueso que colgaba de la puerta, justo en el mismo lugar donde los demás habitantes colocaban sus cruces o letreros grabados en madera a letra dorada con frases bonitas del tipo “Dios Salve esta Casa”. Las monjas horrorizadas cruzaban de acera cuando ella estaba cerca, o se metían en algún establecimiento cuando la veían pasar, a menudo santiguándose y susurrando el soniquete “Dios te salve María, llena eres de gracia…”.
Me sacó bruscamente de mis pensamientos cuando tomó mi brazo con fuerza, su mirada posada en la mía era tan profunda que sentía que a través de mis ojos era capaz de penetrar mi alma.
-Toma ocre y pinta el símbolo en la puerta de tu casa antes del anochecer de Hallows Eve, muchacho- Me agarraba fuerte el brazo ¿Cómo esa anciana podía tener tanta fuerza? Y además ¿de qué carrizo de símbolo estaba hablando? –Ya sabes… el símbolo que aprendiste del Diablo de la Colina aquella noche en la Ronda- Susurraba de un modo tan sensible que yo mismo debía de afinar mi oído para alcanzar a escucharla –El símbolo de los caminos cruzados- Añadió con voz temblorosa por la emoción.
-Píntalo en tu puerta y échate a dormir, no sin dejar en tu ventana algo de leche caliente para la Compañía Oculta. Él reconocerá ese símbolo, muchacho, el Señor Oscuro reconocerá tu marca al pasar por al lado de tu casa y créeme que sonreirá satisfecho- Me soltó con la mano más no con la mirada y esbozó una sonrisa complacida –Es posible que incluso te regale una visión en mitad de las tinieblas de tus sueños, pues has de saber que Hallows Eve siempre ha sido época de visión y profecía, desde atrás en los tiempos- Rió nuevamente –E ignora a los lobos que escucharás en los bosques que hacen frontera; ellos son los perros que él suelta para facilitar su caza. No los temas, pero tampoco sigas su aullido… mucho menos en esta ocasión que Hallows Eve coincide con la Luna Llena- Apuró del todo de su taza de te y entrelazó sus dedos permitiendo descansar sus brazos sobre su regazo –Nick, Nick, Old Nick. Gritarán las almas en el bosque, esperando la llegada del Nocturno en la noche de Hallows Eve-.


Un relato muy sugerente. Consigue atraparte con la descripción sutil de varias escenas folclóricas y místicas típicas de la época a las que cada cual va añadiendo los matices de su propia experiencia.
Por: Elizabetha el 20 Octubre 2009
a las 7:26
Wow!!! Me ha encantado!!! La Anciana me ha agarrado desde el instante en que abrió la boca para empezar a hablar…..
Luna llena en samhain….noche de prodigios y de reencuentros…
Por: Marta Nathair el 20 Octubre 2009
a las 8:06
Precioso cuento, creo que pocas ancianas hay que aún relaten esas cosas y nos avisen de las precauciones que se deben tomar… Aún así, el tema de la Caza Salvaje no deja de ser fascinante aunque macabro y le entran a una las ganas de asomar los ojillos por la ventana para ver pasar al Señor Astado y toda su corte…
Por: Laura el 20 Octubre 2009
a las 11:42
Fantástico relato. Precisamente me pilló con una taza de té entre las manos. Desde luego este Samhain promete ser especial… ¡Ha cambiado tanto la marea estas últimas semanas!
Por: F. Ashwood el 21 Octubre 2009
a las 21:29
Sí, pero más habrá de cambiar…
Interesante Samhain ;-)
Por: Jack Green el 22 Octubre 2009
a las 3:19