El “vuelo de alma” como todo el mundo podrá reconocer es una de las artes más presentes y repetidas en en el Oficio. Sin embargo a menudo no se suele hablar prácticamente nada sobre formas específicamente útiles derivados de este arte, que son muchos y muy variados, y aquí me gustaría exponer algunas ideas sobre el “acompañamiento de moribundos” tal y como he decidido llamarlo a lo largo de este pequeño artículo, prefiriéndo escoger esta forma genérica de denominarlo, aún siendo consciente de que tiene muchos nombres a lo largo de diversas tradiciones, líneas y creencias.

Antes que nada definamos, en palabras fáciles, lo que significa “Acompañar al Moribundo”. Esta expresión hace referencia a las usanzas del Crafter con la intención de acompañar al Moribundo, en un viaje de alma, a los reinos que están más allá de la vida. Con la intención de que dicha alma no quede atrapada, ni se quede “atascada” en los efectos que sufre la conciencia durante el momento de la muerte, un arte directamente emparentado con el “Hedgewitchery” o “Brujería del Cerco”.
El Crafter, en este sentido, se convierte en una especie de figura psicopompo y como tal asume una tarea mediante la cual tratará de acompañar el alma del moribundo, a través de los difíciles reinos de la muerte, hasta un lugar de destino y descanso. Trabajo que muy probablemente sea una herencia del viejo chamanismo incrustado en la Brujería Europea, en honor a su naturalidad (según parece) en numerosas tribus y sociedades de naturaleza chamánica. Esto ofrece un claro contraste con las costumbres a las que hemos sido acostumbrados socialmente en donde, herencia de la propia metodología católica, se digna de ofrecer una ayuda más del tipo psicológica y devocional a modo de consuelo. Ayuda basada en un consuelo y apoyo al moribundo (psicológica) y un recordatorio del destino brillante que tendrá su alma “en el reino del Señor” (devocional). Sin embargo, los practicantes del Oficio conocedores de otras formas de ayuda, optan por una intervención probablemente más práctica haciendo uso de su habilidad para atravesar las fronteras (el cerco, saltar el seto) y aprovechar su conocimiento sobre los reinos de la muerte (si acaso lo tuvieran, pues es más que necesario) para poder conducir al moribundo por tal difícil laberinto.
No podemos suponer que el camino hacia el “interior del territorio” donde el moribundo está ligado, hogar de sus antepasados y puede que incluso de sus Dioses, sea un camino fácil al que se acceda por un mero ejercicio de imaginación (como interpreta la New Age tan a menudo el cruce del cerco, superficializándolo al máximo posible) y tampoco podemos suponer que el mero interés en conocer ese camino, tal vez incluso teniendo una breve introducción a él, suponga que el Crafter posea la experiencia que le permite saber qué hacer y como cuando Elphame acoge un alma en sus dominios.
Creo que es una idea un poco confundida aquella mediante la cual se tiñe a las brujas como meras comadronas, pues aunque en muchos casos pudiese responder esto a la realidad, es innegable que entre sus oficios se encuentra el arte de conducir el alma del moribundo. Colocamos así a la bruja como mediadora de los mundos; tanto para traer nuevas vidas, como para conducirlas al lugar de destino cuando su periodo entre los vivos ha llegado a su fin.
Ante esto me gustaría extraer un fragmento traducido al castellano de una entrevista al Elder Gardneriano John Belham-Payne, concretamente sobre el momento de la muerte de su última mentora; Doreen Valiente, de quien recordemos acompañó a Gardner, formando parte del hoy conocido como movimiento Gardneriano durante unos pocos años, para después formar parte de otras recensiones de Brujería (ajenas a Wicca).
Acerca del impacto de la muerte de Valiente, John comenta:
Ella me preguntó si yo estaría hasta el final y la acompañaría a Summerland ¿Dónde está? ¿Cómo llegar? Eran mis dos preocupaciones pero Doreen sabía qué hacer. Ella me enseñó como llegar y lo que debemos hacer cuando llegamos allí.
La primera vez que me llevó allí tengo que decir que estaba preocupado y confundido, deseaba desfallecer. Ella sabía esto y me llevó un par de veces más. Cada vez que conocía mejor la ruta, tuve más confianza. Estábamos básicamente ensayando el viaje. Finalmente me capacité para ir por mi cuenta y comprender que tenía que hacer al llegar…
…En la mañana de su muerte me despertó rápidamente a las 6 de la mañana. Doreen se fue lenta y tranquilamente. Ella no había hablando durante días y me fui a su cama para sostenerla la mano. Ella tenía lo que yo creo que se llama “un momento brillante” cuando la vida parece volver por un momento a ella. Ella me sonrió y me dijo que creía que había llegado el momento, asintió y se fue muy tranquila. Yo comencé el largo viaje con ella, a las 6:55 la vi en la puerta de Summerland, contenta y dispuesta a seguir hacia adentro. Para mi lo más difícil fue soltarla la mano y no seguirla hacia el interior. Doreen había pasado, yo estaba seguro de ello.
… Recientemente hablé de la ruta de acceso al Summerland con Janet Farrar, que había pasado por la misma experiencia con su difunto marido, Stewart. Janet y Stewart fueron muy cercanos a Doreen.
Janet me dijo que cuando ella llegó con Stewart a la puerta, Doreen estaba esperando allí para él. Había ordenado todo el lugar y estoy seguro de que por ahora tiene la apertura de las puertas a uno de sus poemas.
(Extractos de la entrevista a John Belham-Payne publicada en “The Wiccan”. Traducción propia al castellano)
Comentando entonces algunos trozos de estos comentarios:
Ella me enseñó como llegar y lo que debemos hacer cuando llegamos allí.
Realmente considerar que todo el mundo, cuando fallece, va al “paraíso” pagano es tan injusto y tan prepotente como cuando el cristiano nos dice que, creamos en lo que creamos, acudiremos ante el trono de su Dios, en el cielo católico. Esperar que un católico devoto acuda al Summerland, al Hell, al Tir Nan Og, o a cualquier otra interpretación pre-cristiana del descanso del alma, es una idea tan agobiante como aquella que nos relega a todos al Juicio Final ¿no creen? Además de injusto, pues apuesto que cualquier católico tiene tantas ganas de ir a uno de estos lugares tras su muerte, que nosotros al cielo católico, no digamos al infierno.
Es una idea interesante de reflexionar qué cosa es exactamente la que nos liga a un destino u a otro tras nuestra muerte humana, si en realidad estos destinos existen. De hecho es interesante la reflexión sobre la muerte en sí misma; pues el conocimiento de la muerte, más allá que cualquier otra cosa, es la asignatura más básica y principal en el Oficio Tradicional.
Los propios guardianes del mundo que se halla más allá del velo de la vida, son aquellos que se reconocen a su propia estirpe, sus propios hijos, para después abrirles las puertas de Elphame donde descansarán, para bañarse en las aguas límpias del olvido, y volver a nacer “entre los de la sangre”; pues una vez brujo, siempre se es brujo, a pesar de que la re-activación casi siempre es necesaria. Luego podemos sacar en conclusión que, además de saber llegar, es necesario saber qué hacer una vez se ha llegado.
Ella sabía esto y me llevó un par de veces más. Cada vez que conocía mejor la ruta, tuve más confianza.
Una vez escuché que el “trance es aprender a morir”, y en cierto modo le dí mi propia interpretación a esas palabras (ignoro cuan certera sea esa interpretación), pues; el viaje a Elphame, al Sabbat Verdadero, no es sino, además del modo de acceder a la luz en mitad de la oscuridad y las tinieblas, el modo de explorar los reinos que las personas exploran tras la experiencia inevitable de la muerte. El conocimiento continuado, la exploración de las peligrosas rutas entre la confusa maleza que escondes los caminos cruzados que llevan al fuego del Sabbat, entre otras muchas cosas conducen también al conocimiento de una parte tal vez ínfima de Elphame, pero a pesar de ser ínfima resulta de ayuda para comprender un atisbo de lo que nos enfrentaremos tarde o temprano.
El conocimiento de la vida, es tan importante como el conocimiento de la muerte. El brujo, la bruja, encuentra buena parte de su sabiduría observando la muerte desde la vida, y también la vida desde la muerte (observando la naturaleza de las circunstancias con objetividad; imaginando como serían las cosas si ahora estuvieses muerto). La Brujería es dualidad, no cabe duda, pero ambos sistemas de comprensión serán una ayuda para alcanzar a comprender el nexo entre esa dualidad de vida-muerte; así la bruja, con su pié de oca, tiene un pie en este mundo y un pie en el otro. Deleitandose en el fantasmagórico nexo divisorio que se halla en el punto central de los caminos que se cruzan. Donde uno no va hacia delante, ni hacia atrás, ni a la derecha, ni a la izquierda.
Finalmente me capacité para ir por mi cuenta y comprender que tenía que hacer al llegar…
Existe una teoría con la que yo no puedo estar más en desacuerdo, y es aquella en la que confian algunas personas que las enseñanzas responden a la comprensión de la lógica humana.
Generalmente estamos muy acostumbrados al modelo educacional con el que nos han criado, de donde hemos extraído la idea de que el estudio, la memorización, la lógica y el razonamiento son las claves del aprendizaje. Esto puede ser muy válido, y de hecho lo es, para la Historia, las Matemáticas… pero desde luego no siempre lo es para la Brujería.
Para comenzar a entender algo, debemos percibir la Brujería como un sendero oscuro. No “oscuro” en el sentido maligno de la palabra, pero sí oscuro en el sentido de misterioso, tenebroso y puede que algunas veces no carentes de peligros. La Brujería es un Oficio Nocturno, un “Culto Lunar” (si se quiere ver así…) donde el trabajo, la lógica, la razón, lo visible (solar) es substituído por las sombras de lo simbólico, la intuición, la búsqueda de la luz inefable en mitad de la tenebrosa niebla que separa el punto más recóndito de nuestro mundo del mundo donde habitan los Espíritus de la Maestría.

A menudo las comprensiones son en base a la experiencia repetida, son comprensiones simbólicas, en el Otro Mundo la simbología es un idioma y a menudo la poesía una forma de expresión ambigua. Nadie va a encontrarse contigo para decirte lo que has de hacer, como si de tablas de multiplicar se trataran, sino que el conocimiento romperá tus esquemas mientras sigues la frenética danza de los muertos alrededor del Macho Cabrío, entre cuyas astas posee la la llama capaz de prender las antorchas que estén preparadas; si son antorchas que la Dama del Destino haya llamado para tales efectos.
El mayor secreto es el que nunca puede ser revelado, porque es imposible hacerlo; responde a esferas tan profundas de la mente, que son imposibles de poner en palabras, sino únicamente en símbolos que, a su vez, solo reconocerán quienes así deban hacerlo. Supongo que por eso dicen aquello de que “Comprende quien está preparado para comprender”, algunos ocultistas (Dion Fortune entre otros) aseguraban que los secretos podían ser chillados a los cuatro vientos con la seguridad de que solo unos pocos, casualmente aquellos merecedores, comprenderían realmente su significado. De estas afirmaciones se hizo eco Robert Cochrane, líder del Tubal-Cain, criticando así metodologías sectarias que obligan al juramento y a la amenaza divina ante la traición del juramento tomado.
El Misterio es revelado por la comprensión súbita através del símbolo o la experiencia, es sencillamente inexpresable e intransferible. Los misterios no pueden ser enseñados, únicamente mostrados; solo el Astado, el patrón y poseedor de la Verdadera Astucia, es capaz de iniciar o despertar, de poner la marca, a aquellos que han sido señalados por la Dama del Destino para formar parte del Oficio de los Sabios.
Yo comencé el largo viaje con ella, a las 6:55 la vi en la puerta de Summerland, contenta y dispuesta a seguir hacia adentro. Para mi lo más difícil fue soltarla la mano y no seguirla hacia el interior. Doreen había pasado, yo estaba seguro de ello.
Y aquí venimos al centro de todo el asunto que nos ocupa: El brujo en una clara función psicopompo que acompaña al alma del moribundo a su destino, dejándolo donde ha de estar, y regresando al mundo de los vivos con la seguridad de el ya fallecido, descansa en el lugar apropiado.
En Irlanda, según he escuchado, algunas mujeres que realizan estas labores psicopompo han llegado incluso a recibir un nombre; Seabheana (mujeres para acabar, o algo parecido), la función de estas mujeres en su aldea sería la de despedir al moribundo de las cosas queridas y apegadas que dejaba atrás, y acompañarles en alma más allá de la experiencia de la muerte hasta su lugar de reposo; para ello no únicamente alejando espíritus tenebrosos que podrían desviar de su camino al alma, sino también sirviendo de una especie de guía por un trayecto que se presume laberíntico y de fácil perdición.
No quiero que el lector interprete de mis palabras que esta es la única forma de atender a un moribundo, pues no lo es. Durante un tiempo me interesó especialmente este tema y creo que resolví (aun comprendiendo la enorme cantidad que aún me queda por descubrir) que esta es una forma en el Oficio de asistir al moribundo, pero una de varias, así como los sistemas paganos meramente religiosos tienen también sus sistemas efectivos.
Me dí cuenta también de que algunos Crafters tienen costumbres post-mortem bastante interesantes; algunas de ellas mantenidas como “formas tradicionales” dentro de Cuvents o Clanes de Brujos presumiblemente activos. Uno de ellos, además del viaje del alma con la intención de acompañar al moribundo, se haría en cierto momento tras el fallecimiento para asegurar el retorno del fallecido (es decir; su “reencarnación”, aunque este concepto puede diferir bastante de los sistemas orientales, máximo influyente en las teorías de reencarnación sostenidas por el neopaganismo contemporáneo) a la nueva vida, pero a su vez asegurarse que su retorno sea “entre los de la sangre”, es decir; asegurar su renacimiento y su vuelta al Oficio en una nueva existencia. Este ya es otro asunto que no ocupa el presente artículo, y en realidad tampoco deseo hablar de esto extensamente en un Blog, pero lo menciono para arrojar la reflexión de las profundas diferencias que hay entre la filosofía de vida y muerte en la mentalidad de ciertos practicantes del Oficio Tradicional, y la filosofía de la neo-brujería donde un ritual funerario sacado de cualquier libro de 20 Euros resuelve todo el embrollo.


Has tocado varios puntos que me resultan muy interesantes.
1) La delgada línea entre la dualidad vida-muerte y la observación interconectada de ambas realidades. A pesar de que la muerte es muy necesaria para comprender la vida, siguen existiendo muchos tabús ,cultural y emocionalmente hablando, que impiden un aprendizaje significativo de ella. Por otra parte, una vez superados superados ciertos prejuicios, nadie se percata suficiente de que el trance no sólo es el arte de saber morir, sino de volver a la vida integrando los secretos del otro lado en una porción de realidad que actúa con rechazo hacia ellos. Ese equilibrio de los caminos, esa línea entre el pie de oca y el pie humano, es tan delicado que un paso en falso (hacia delante o hacia atrás, ya que no hay lados posibles) genera unos efectos terribles de confusión y bloqueo en el crafter más o menos principiante. Esto es así porque no se siente parte íntegra de ninguno de los mundos, agrandando virtualmente sus fronteras, con el consecuente agobio de la necesidad de aferramiento a una de las dos orillas, a pesar de la nostalgia que le supone la otra que ya ha pasado a integrarse en sus esquemas mentales, a un nivel más o menos consciente/inconsciente. Dependiendo de la personalidad y experiencias previas del brujo, el proceso de acomodación (en términos de Piaget) puede resultar más o menos traumático, alargándose o acortándose en el tiempo. Quizás la clave sea el afianzamiento de los símbolos y la profundización en la cultura de partida desde la que se trabaja, como dos puntas de un mismo eje.
2) La cuestión del tipo o tipos de aprendizaje que intervienen en la práctica de la brujería. Personalmente, no encuentro tanta distancia entre el aprendizaje humano (o al menos ciertos estilos más liberales y más antiguos en el tiempo de aprendizaje) y el aprendizaje de un crafter, entre otras cosas, porque sin la base mortal no es posible alcanzar el extremo intemporal. Quizás, la principal diferencia, sea lo que se denominan “conocimientos previos”. En el aprendizaje humano, dichos conocimientos (conceptuales y no conceptuales, ojo, porque las emociones y los sentimientos también se aprenden), son básicamente conscientes (aunque no sería del todo cierto porque intervienen procesos subyacentes no accesibles de manera inmediata tan sutiles que serían imposibles de enunciar). En el aprendizaje de un crafter, esa división con el mundo consciente de rompe, ampliando el umbral de los sentidos y el acceso a las experiencias previas, mediadas por el símbolo cultural (humanamente creado, aunque místicamente activado). En resumen, que el bagaje de un crafter en trance es mucho más amplio. De no ser así, el intercambio y la construcción-reconstrucción de los misterios sería imposible. De nuevo el problema, está en el cruce de una línea a otra. Al pasar a uno de los extremos bruscamente, se pierde información por el camino o, cuando se intenta recuperar tal cual se vivió al modo mortal, sencillamente es imposible. Eso también conlleva sus frustraciones en el aprendiz hasta que va normalizando el método y aceptando sus límites.
3) Sobre las líneas del destino. En fin, el destino en sí es un misterio y hablar de sus hebras siempre resulta fascinante y aterrador al mismo tiempo. Al leer el artículo y reflexionar sobre estilos de moribundos, ha acudido a mi mente la duda de si existen “categorías” de hilos que se asocien a un estilo de proceso mortuorio, con su respectiva figura tradicional, “oficial” o culturalmente aceptada que se especialice en su tratamiento. Igual pretendo hilar muy fino y etiquetar algo imposible de contener en esta realidad, pero igualmente quería poner la cuestión sobre la mesa.
Por: Elizabetha el 17 Octubre 2009
a las 18:30
Hola. Soy una chica pagana, inicialmente wiccana, pero desde hace un tiempo trato de bucear en las tradiciones brujeriles de mi zona y de mi propia familia. Estoy interesada en profundizar en este tema, porque me toca muy de cerca en estos momentos. Quisiera alguna referencia más sobre el afrontamiento de la muerte y el acompañamiento de personas moribundas en la brujeria tradicional. Mi abuela está en fase terminal, tras años de luchar contra un cancer que la ha ido devorando a pesar de la quimioterápia. Cuanta más información más opciones de actuar tendré; quiero acompañarla en su lecho de muerte no solo físicamente (soy quien más tiempo pasa con ella) sino también a ser posible espiritualmente. Tuve una experiencia cercana a la muerte hace años y sé que tras el paso solo hay paz.
Un saludo y muchisimas gracias de antemano.
Por: Aileen el 1 Diciembre 2009
a las 12:03