Posteado por: Jack Green | 15 Junio 2009

La Diosa Mari – 3ª y última parte

Tercera y última parte del ensayo sobre la Diosa Vasca Mari.

Mikelatz y Atarrabi. Los dos Hijos de Mari

Mikelatz el mal y Atarrabi el bien ¿así de sencillo? No.

Ciertamente nuestros abuelos nos dijeron que ese “entrañable diablejo” llamado Mari, tuvo dos hijos: Mikeltaz y Atarrabi. Con el tiempo uno se hizo cura, y este es Atarrabi, y el otro se fue a una recóndita cueva donde Etsai, el Diablo, enseñaba Brujerías y otras paganías diversas a aquellos que así lo solicitaban, este fue Mikelatz. Obviamente la Iglesia lo tiene fácil: uno es el bien (el cura), el otro es mal, pero no es tan sencillo.

En primer lugar esto nos cuenta un poco más de Mari, a través de sus retoños. Lo primero que nos dice es que Amalur, siendo fuente de todo, también es fuente del bien y del mal, y que por ende está por encima de cualquier concepto de dualidad. Está más allá de lo mortal, pero también más allá de lo inmortal, siendo Diosa, es en raíz “más que Diosa” y siendo humana (o con capacidad para procrear con humanos, como nos cuenta la leyenda en la que tiene un hijo con Don Diego López de Haro, señor de la Villa de Bilbao) es también “más que humana”.

Además, de Mari nos dice como ella conserva su posición como soberana, siendo su hijo Atarrabi el arquetipo del cristianismo, y Mikelatz el arquetipo de Paganismo, Mari nos confiesa los vehículos mediante los cuales apadrina (amadrina, en realidad) ambas espiritualidades, aparentemente en conflicto, pero complementarias para ella, de una forma que ya he ejemplificado más arriba. Mari, inteligentemente, crea un vehículo, Atarrabi, mediante el cual conservar su existencia aun con el cristianismo derramando agua consagrada por los antiguos lugares de culto. Su sangre corre por las mismas venas de los paganos (Mikelatz) y de los cristianos (Atarrabi) y así Mari se vuelve a auto-perpetuar sin necesidad de hombre. No se tiene que “casar con el hombre extranjero”, pues gracias a Sugaar, la serpiente macho, es capaz de crear a sus dos hijos, manteniendo la independencia y reafirmando su existencia.

¿Por qué hablamos de “sangre”? En muchos países, especialmente en la denominada “franja celta” es común vincular el paganismo, en la literatura medieval, con una especie de vínculo sanguíneo con el mundo antiguo. Así, personas comunes pero con habilidades extremadamente peculiares, terminan por descubrir un parentesco entre su estirpe y un hada. O aquellas castas irlandesas que “poseían sangre de los Dannan”, que a su vez habían creado un extraño muro al partir de Eire tras la llegada de los extranjeros. Tal es el caso de Fergal, el irlandés, que escuchaba “el susurro de los árboles” y sabía interpretar las “voces arrastradas por el aire” debido a la presencia en su genealogía antepasada de poderosos Druidas que habían establecido viejos pactos con los Dannan. Pactos que obligaban al pequeño a Fergal a ver una Irlanda que nadie más podía ver, porque lejos de concebir como muchos hoy en día, a los Dioses como entidades desconocidas, él entendía hasta cual punto “los de Dannan” eran reales y como realmente vivían en el interior de las colinas, y más allá de un misterioso muro establecido en los mares del Oeste.

Aquí Mari no hace eso, sino que a través de sus hijos, ata a su sangre a unos y otros, asegurándose su existencia con independencia del resultado de la batalla, aunque sujetándola por otro lado al mundo de la creencia, la religión y lo metafísico.

La sangre aquí juega un papel romántico, abstracto y totalmente metafórico, así como metafísico (aunque su significado no es, en absoluto, algo sencillo de interpretar,  y no, no pienso aventurarme, al menos no ahora). La “sangre” está lejos, en este caso, de un significado biológico o étnico, e interpretarlo así es distorsionar completamente (y convenientemente, añado) el significado real.

Mari y sus Mandamientos

Realmente no son mandamientos, en absoluto. Interpretarlo así es cristianizar algo que para nada es cristiano. Los famosos “mandamientos de Mari” es un análisis (muy particular, todo hay que decirlo) de Patxi Zubizarreta, en su obra “Atxiki Sekretua, Sorginaren Eskuliburua”. Un libro que ¿para qué os voy a engañar? No os aconsejo comprar, si no queréis tirar el dinero.

Aquí, el Sr. Zubizarreta, muy influenciado por su línea jesuita de pensamiento y teología, trata de resumir, no niego que con buena voluntad, un código ético común en las leyendas de Mari que él tan profundamente había estudiado (algo que tampoco debo de poner en duda). El problema, la crítica que los paganos le podemos hacer a este teórico, es la manía de tratar de vestir con traje de monja a Mari, algo que le honra como religioso, pero que le deshonra como investigador imparcial, y cito:

1º No digas mentiras

2º No Robes

3º No seas soberbio

4º No faltes a la palabra dada

5º No permitas que nadie te pierda el respeto

6º No dejes de prestar ayuda al que lo necesita

Bueno…todo muy bonito, pero desde mi punto de vista muy surrealista. Así que me voy a tomar el lujo de explicar “mandamiento por mandamiento” y ofrecer una interpretación alternativa.

No digas mentiras. Esto aunque bien podría ser cierto (en mi artículo “El Destino en la Concepción del Paganismo Vasco” explico por qué) no es del todo exacto, y me parece una reducción muy convenida. Se dice que “Mari vive de la afirmación y de la negación”, y nos cuentan la leyenda de una señora (Mari, camuflada) que le pregunta a un pastor cuantas ovejas tiene. El pastor, por pura avaricia, dice que solo 3, cuando en realidad tenía 6, para llegar de vuelta y ver que realmente tenía tres, ya que las tres que negó habían desaparecido pues Mari se las había llevado. Entonces el “no mentir” se convierte no en una medida a favor de Mari, sino en una medida “para cuidarse de Mari”. No es pues algo que emane de Mari, sino del Cristianismo. La mentira, en sí misma, no era negativa por efectos éticos, sino porque la misma afirmaba cosas extra-naturales que alteraban el orden de la naturaleza, y entonces la Naturaleza, Amalur personificada en Mari, debía poner orden, no por castigar una falta, sino por normalización de la transgresión cometida. El “no mentirás”, debería entonces substituirse por un “no alteres la paz natural”, o lo que es lo mismo “Respeta a la Naturaleza”. Algo que va mucho más acorde con una religión la cual, por otro lado, ponía la naturaleza conocida y desconocida como fuente de toda la existencia.

No robes. También hay muchas leyendas sobre esto, en las que Mari castiga el hurto, sin embargo si analizamos bien estas leyendas, vemos que debido a la naturaleza del castigo más que el hurto, se castiga la carencia de trabajo, que es lo que lleva al hurto. Luego el “No robes”, se convierte en un “Trabaja”. Algo excesivamente coherente, para el hombre y la mujer, en la educación tradicional vasca, basada desde la niñez en el trabajo y el esfuerzo y mitificada, incluso llevada al deporte, con imágenes de musculosas personas partiendo troncos o levantando pesadísimas piedras.

No seas soberbio. Las historias respecto a la soberbia nos hablan de castigos a aquellas personas que desafían a sus mayores o a los Dioses. No a la soberbia en sí. Esto es algo que todos sabemos, pues si algo caracteriza la educación tradicional vasca, es el máximo respeto que se le tiene a los mayores y lo espantoso de contradecir esta costumbre. Algo que era, y a menudo es, totalmente imperdonable y que se corría por toda la comarca desfavoreciendo la fama del que había faltado el respeto a algún mayor, algo que se traducía en un perjuicio incluso a la hora de casarse o establecer amistades. Cambiamos el “No seas soberbio”, por el “Respeta a tus mayores (Dioses incluidos).

No faltes a la palabra dada. Una extensión exacta a la primera regla.

No permitas que nadie te pierda el respeto. Mari como Diosa era una perfecta madre, muy difícil de comprender, pero de raíz perfecta. Protectora y bienhechora, que sin embargo si se provocada su furia era algo digno de temer. Su furia era despertada principalmente por la carencia de respeto, o por la violación del respeto a sus más fieles seguidores. Tenemos que entender el significado de respeto, que no es sumisión, ni significa martirio. El respeto es “no pasar el límite” con las personas, sin más. Ni si quiera exige ser educado, significa simplemente reconocer la dignidad de algo o alguien, nada más, pero no la dignidad por encima de la tuya, sino en igualdad de condiciones. Este “mandamiento”, podríamos substituirlo por un “Conserva tu honor”.

No dejes de prestar ayuda a quien la necesita. Muy cristiano, muy convenido y algo que hay que recalcar mucho para comprender, porque no se trata de un consejo desde la óptica en la que estamos acostumbrados a interpretar hoy. La vasca, como cualquier sociedad matriarcal, era comunal, no individual. Una sociedad matriarcal es comunal y extrovertida, no egoísta e introvertida como sí es la sociedad de tipología patriarcal. Mari representa el arquetipo primordial del matriarcado, y es completamente lógico que hable de comunalismo, sin embargo se traduce en caridad, haciendo un juego de palabras que ni contradice la verdad ni llega a expresarla en todo su esplendor. El comunalismo, obviando interpretaciones políticas y dedicándonos exclusivamente a las sociológicas, es el funcionamiento “en comunidad” para el bienestar “de la comunidad”. Clases, niveles, estructuras y jerarquías pertenecen al pro-feudalismo patriarcal, inexistente aquí y en este caso, incluso en las formas de Gobierno arcaicas del País Vasco, como bien comentan los Romanos, eran “Asamblearias” formando “Caudillos temporales” para tiempos de excesiva crisis (generalmente de índole militar). Como ya digo, esta afirmación debería carecer de contenido político, pues sería interesado desde cualquier perspectiva. Mari no llama al “Anarquismo”, de hecho la podemos percibir contraria a varios de los “preceptos” anarquistas, debido a su firme concepto de la familia y la ética (aunque claro, aquí nuevamente hablamos de familia en términos hoy casi olvidados, pues no es una familia tal y como hoy la concebimos). Mari aquí llama a la igualdad comunitaria y el funcionamiento de la misma. Así que substituyámoslo por un “Sé comunitario”.

¿Y bien? ¿Alguien se ha dado cuenta? Si os fijáis, lo que en principio eran 6 señoras negaciones, se han convertido en 6 señoras afirmaciones. Otro conflicto de paradigma, este ya no vasco, sino pre-cristiano en general. El Cristianismo aborda las estructuras morales y de función desde la negación, la prohibición y la represión. El paganismo, idealmente, propone la afirmación, a menudo tejiendo la propia moralidad junto con las costumbres tradicionales para restarle agresividad y obligación, y en el caso del Paganismo Vasco, sucede exactamente lo mismo: Respeta las leyes naturales, sé laborioso, respeta a los mayores y las cosas sagradas, conserva tu honor y dignidad mientras conservas el honor y dignidad de los demás (es decir, ser comunitario, ya que pienso que podemos enlazar 5º y 6º, entendiendo como ya hemos dicho que la 4º podemos verla como una extensión de la primera). Es un buen resumen, que sin embargo mantienen muchas ramificaciones, respetar la naturaleza va mucho más allá del ecologismo y entra en el estudio de toda la cosmogonía pagano-vasca, mientras que el respeto a los mayores es también el respeto a la cultura, el idioma, y lo que en definitiva nos han legado como inmortalización de ellos mismos, y conservar el honor y la dignidad mientras eres comunitario ofrece un basto análisis filosófico, o incluso psicológico, de todo un funcionamiento social muy enraizado en el mundo vasco.

¿Quién es Mari?

Este ensayo creo que puede dar unas pistas bastante claras del error que supone resumir en dos líneas a Mari, es algo muy complejo de explicar, y mientras escribo me doy cuenta que me dejo muchas cosas en el tintero, que bien podríamos explorar, lo dejaré para otras ocasiones.

Pero antes de despedirme me gustaría examinar una última cosa ¿qué significa exactamente “Diosa Mari”? ¿Qué demonios es un Dios? Más específicamente ¿Qué demonios es un Dios para el pensamiento antiguo vasco? Según parece Mari ni es un arquetipo, ni es una “energía”, ni un estado de conciencia, ni ninguna paranoia rara que se le pueda plantear hoy en día a la New Age. La excesiva objetividad de la tradición popular nos habla de Mari como algo sobrenatural, pero con una perfecta auto-consciencia y tal real como tú o como yo. Mari no se intuye, a Mari se la ve, ella realmente vive en el Otro Mundo, a través de profundas Cavernas situadas en los lugares más inhóspitos y salvajes de los que podemos gozar en nuestros parajes. No es algo abstracto, ni si quiera meramente lejano o distante, realmente camina cuando ella desea caminar, a lo largo de los montes y su canción sigue provocando pánico entre los lugareños, aún hay Ermitas que tocan las campanas para ahuyentarla, cuando creen escuchar sus canciones. Siguen existiendo niños que juran haberla visto, no saben si en sueños o en la realidad, pues Mari tiene una asombrosa facilidad para caminar entre el mundo de los sueños (y del trance) y el mundo de lo que consideramos real.

En algunos lugares incluso se sigue dejando moneditas, “No, nosotros no creemos en estas tonterías…pero por si acaso” Nos confesaba un simpático Baserritarra, hará cosa de unos meses, en los montes que acarician el Goierri Gipuzkoano. Las más ancianas siguen santiguándose cuando recuerdan que el nombre de Mari, lejos de ser un diminutivo de María, hace referencia a algo más antiguo, para ellas algo diabólico. Mientras Mari ¿por qué no confesarlo? Sigue divirtiéndose observando que su capacidad de provocar o bien miedo, o bien respeto reverencial, sigue vigente a pesar del transcurrir de los siglos.

Las Lamias siguen paseándose por los lugares, provocando que toda una aldea busque refugio en la Ermita y pida una ayuda desesperada al cura, quien rápidamente ordena que se toquen las campanas para ahuyentar a los espectros ¿o para ahuyentar el miedo infundado de sus feligreses? Nunca lo vamos a saber con la certeza que quisiéramos, nunca vamos a poder afirmar o negar con rotundidad la realidad de Mari, por ello se dice que ella “vive de la afirmación y de la negación”.

Pero… ¿si debería tener la capacidad de tragarme que un palestino resucitó luego tras días cadáver, que es el hijo de Dios, etc, por qué no me voy a tragar la afirmación, de siglos de antigüedad que en País Vasco sigue repitiéndose a menudo? Izena duen guztia omen da, o lo que es lo mismo: Todo lo que tiene nombre existe.

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Los Héroes de la Mitología Vasca. Txema Hornillas.

Mil años de historia vasca a través de la literatura greco-latina. Santiago Segura Mungia.

Los Campesinos Vascones. Alberto Pérez de Laborda.

Antso Nagusia, Baskoien Errege Handia. Toti Martínez de Lezea.

La Primitiva Religión de los Vascos. José Dueso.

Mari eta Europa zaharreko jainkosa. Marija Gimbutasen tesiaren inguruan.

Sobre Religión Antigua y Calendario Primitivo del País Vasco. Julio Caro Baroja.

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Sobre la lengua vasca. Julio Caro Baroja.

Los vascos y el mar. Julio Caro Baroja.

Tratado de Brujería Vasca. Pierre d’Lancre.

La Religión de los Vascones. Mikel Etxebarria Arrieta.

El mar de los vascos, leyendas, tradiciones y vida. Luis Pedro Peña

Cuentos de la Mitología Vasca. Mercedes Aguirre y Alicia Esteban.

Euskal Herrian Mari, Sorginak eta Lamiak. Begoña Azpiburu

Baskoien Antzinako Errelijio. José Antonio Martín de Uriarte.

Mari: Euskal Jainkosa. José Antonio Martín de Uriarte


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